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¿Cómo reconocer una milpa?


por Sébastien Proust

Un campo de maíz, unas mazorcas. Algunos loros sobrevolando en búsqueda de alimentos regalan al visitante sus desordenados cantos. Desde su posición ¿sabrán reconocer la mazorca del labor campesino de 2,500 años de selección, cuidado y tradición, y compararla con otra, fruto de la investigación de los últimos 30 años, cuya única meta es la productividad?

“Claro, los animales reconocen el maíz nativo”, nos comenta Don Candelario Noh Canché, en su milpa en Huechil, municipio de Hopelchén, Campeche. Y no sólo ellos, sino que el k'ulub (mapache - Procycor lotor shufeld), el ba' (tuza - Heterogeomys hispidus) y el kitam (jabalí - Pecari tajacu yucatanensis), todos vienen a la milpa a tomar su pedazo. Es parte del ciclo, y nosotros también a veces los cazamos y nos proveen de carne.


Foto: Wilbert Antonio Caamal Cauich​


En Huechil, como en decenas de comunidades de Hopelchén, estas milpas, diversificadas y con semillas nativas, poco a poco reconquistan este territorio. Hopelchén es una zona singular: cuenta con suelos profundos, un caso único en la Península de Yucatán, la cual está conformada en su mayoría de roca caliza y una fina capa de suelo. No se sabe muy bien por qué en esta zona sí hay suelos, ya que no corren ríos desde los cerros que ondulan en el horizonte. Una de las teorías, que nos presentó el Maestro Juan José Morales, es que se trata de suelo volcánico, que viajó hace millones de años desde el pacífico hasta este lugar. Es un lugar también con cierto misterio, donde el agua brota de los cerros, pero donde es difícil conseguirla en las planicies con suelo.

Este suelo es justo, cuya génesis es tan única, que ha vivido fuertes transformaciones en los últimos 30 años. Se ha vuelto el epicentro de la deforestación, con la transformación de 75,000 hectáreas de selva a campos de maíz, sorgo y soya según estudios recientes. El suelo, protegido por la selva, se encontró de forma súbita, expuesto a la erosión. También se generó una compactación por el paso de tractores y rastras, además de una degradación de los nutrientes, puesto que esos dependen en la Península de Yucatán, de las mismas selvas.

Vista aérea en Huechil, Campeche Foto: PPD México


Y el suelo, es ahora parte de la solución. “Fertilizamos con microorganismos de monte” nos cuenta Manuel, técnico comunitario de la organización Muuch Kambal. Explica que se “cosechan” estos microorganismos en el suelo de la selva, con trampas, y luego se cultivan en cada comunidad, mediante bidones, suero de leche y melaza. Se reconoce por lo tanto que la fertilidad proviene de la selva, y con esta innovación, se puede dejar de comprar fertilizantes químicos.

Las semillas, son parte esencial de la reconquista de la milpa en este paisaje degradado. Leonor Pech abre una mazorca de tamaño considerable. No sorprende al campesino quien cultiva esta parcela con dedicación. Hace tan poco tiempo que se abandonó el uso de semillas nativas, que el regreso a su uso aparenta ser normal. La gran diferencia, es que este año, se podrán seleccionar semillas.

Una fila después de la mazorca gigante, llega otra sorpresa. Una mazorca de buen tamaño, invadida por huitlacoche (Ustilago maydis) un hongo parásito del maíz. Que no se asuste el lector, las palabras “hongos y parásito”. En México es considerado como un manjar y acompaña quesadillas y sopas. Pero Leonor otro secreto de la milpa es el hongo del huitlacoche; parece reconocer nuestras mazorcas agroecológicas, de semillas nativas, y pocas veces se encuentra en los campos de híbridos, seguramente por culpa de tanto químico.





Más al sur, en Chan-chen, nos encontramos con otros campesinos. Don Rosario Rueda Gómez. Con él, conversamos sobre la transición: ¿Cómo se logra pasar, en escasos dos años, de agricultura basada en agroquímicos hacia una producción diversificada con técnicas agroecológicas? “El costo, es uno de los elementos que nos convence”, comenta Don Rosario en medio de las mazorcas. “Como producimos los fertilizantes y los preparados para controlar la invasión de insectos, bajan mucho los costos; 3,600 pesos por hectárea, así que al final gano más, porque yo hago mis preparados”. Alfonso Salinas Cach quien acompaña el proceso de transición desde la organización de base Ka' Kuxtal Much Meyaj nos recuerda que éste era un conocimiento tradicional que se trata de rescatar. Confirma que se reduce el costo de producción, además de que la diversidad de producto de la milpa permite generar mayores ingresos. Otra forma de reconocer a una milpa, es por lo tanto, su alta diversidad, nos comparte Gustavo.

El ataque de gusano cogollero fue feroz este año. Su abundancia, causada en parte por la humedad que generó una tormenta tropical que inundó a la región en el mes de junio, amenazó la producción. En vez de insecticida, se optó por una estrategia íntegra. Con el uso del neem y la correcta fertilización con productos de una biofábrica manejada de forma colectiva, se logró salvar la producción, sin afectar a otros insectos como los polinizadores, tan importantes para la agricultura. Se colocaron también trampas para capturar las polillas. Eso conlleva mucha capacitación, pero el resultado está a la vista.



“El desafío ahora es el mercado” nos comparte Álvaro Mena, desde las oficinas de Ka' Kuxtal Much Meyaj en Hopelchén, verdadero centro de operación para la reconquista agroecológica del territorio. “Queremos que los productos agroecológicos lleguen a la población en general, a precios justos. Por eso, organizamos tianguis, apoyamos la venta de los diferentes productos en la región y en el país. Ahora, con el éxito de la producción del ciclo 2020, queda la pregunta ¿cómo y donde vender la cantidad de maíz agroecológico que se produce en estos suelos tan prolíficos?. No proponemos mezclarlo con maíces híbridos que pueden contener grandes cantidades de pesticidas, sino crear nuevos canales de comercialización. Un nuevo reto para la transición a agroecológica, pero al igual que con el gusano cogollero, la búsqueda de semillas nativas o de técnicas de fertilización inspiradas en la selva, se logrará resolver con organización, diálogo y paciencia.”

La tradición es el fundamento de la transición agroecológica experimentada con éxito por las y los campesinos de Hopelchén. Regresar a lo fundamental, añadir una pizca de innovación, pero sobre todo la organización para intercambiar saberes, a nivel local y regional, es la receta que nos comparten desde este territorio. Terminamos este proceso con una ceremonia, en lengua maya, en Huechil. Guiada por un rezador Maya, conocido como Jmen, nos encontramos con las familias campesinas para celebrar la buena cosecha, en la ceremonia de “Jo'oche' naal”. Una multitud de platillo la acompaña, pero destaca la tortilla de maíz nuevo, ishua en maya, elaborada este mismo día.



“La milpa brinda la oportunidad de ejercer la colectividad familiar, desde el trabajo de la milpa con los campesinos y sus hijos, hasta el proceso de gratitud que es la ceremonia maya, en donde todos los miembros de la familia se unen para realizar las comidas de las ofrendas, y dar gracias por la abundancia de la temporada”, nos comparte Wilbert Antonio Caamal Cauich, quien documenta todo el proceso con la organización.

"Para la mayoría de las personas tener una milpa es sinónimo de resistencia a su territorio y cultura, se identifican con miles de saberes y secretos que la milpa guarda y que en su mayoría solo las personas mayores reconocen. Es muy importante ir encaminando a los jóvenes a tener amor a la milpa, es lo que la organización Muuch Kambal está haciendo desde el área de comunicación, generando material audiovisual, material de lectura como infografías”.


Después del rezo, conversamos con Leydy Pech, de la organización Muuch Kambal, quien acaba de recibir el premio Goldman al Medio Ambiente por su lucha a favor de las campesinas y campesinos mayas. Nos comparte que la estrategia de este colectivo, después de un arduo trabajo en contra de la implementación forzada de un modelo agroindustrial, consiste en promover la alternativa. “La idea era de trabajar con los niños de las escuelas, pero su cierre por la pandemia del COVID-19 nos impide hacerlo, así que vamos a trabajar familia por familia, con huertos y milpas”.

Con ello, la organización, los técnicos comunitarios y las campesinas y campesinos están sembrando una nueva semilla en la región de Hopelchén: la semilla de la esperanza de que es posible trabajar ésta tierra de forma respetuosa, reconociendo y respetando las tradiciones, generando soberanía alimentaria, y porque no, también un ingreso digno para las familias. Con ello, pronto habrá más alimentos para los animales del monte, soporte para los huitlacoches y bienestar para las familias. Queda el pendiente de que los consumidores se unan a este reconocimiento de la milpa, como fuente de alimento que nutre mucho más que el cuerpo.

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